Una llamada a la razón para mantener la vida.

Hubo un tiempo en el que la Naturaleza era honrada por los hombres como un Dios, un tiempo en el que el hombre era consciente de que en realidad es la Naturaleza la que nos mante vivos, pero cuanto mas creemos que la dominamos, cuanto mas nos endiosamos, mas olvidamos que seguimos siendo dependientes de ella. Creemos con tanta certeza que vivimos gracias a nuestro ingenio que no somos capaces de recordar que nuestras raices están afianzadas a ella.

El problema del cambio climático no es un problema ecológico, sino vital. La naturaleza no son los océanos ni la fauna o flora, ni el cielo ni el sol, estas son solo formas de la naturaleza, formas de las que dependemos irremediablemente.

El pensar que estamos acabando con la Naturaleza es quedarse en la punta del iceberg. Vivimos en la punta del iceberg y desconocemos todo aquello que se sumerge, que está oculto a la vista y por lo tanto tenemos la certeza que al acabar con la punta estamos acabando con el iceberg.

Podemos contamirar el oceano, incendiar los bosques, agotar los recursos, hacer desaparecer nuestro planeta, y nada de eso podrá alterar lo mas mínimo a la Naturaleza.

Todos los días miles de estrellas parecidas a la que nosotros llamamos sol están desapareciendo del firmamento, afectando a miles de planetas como el que nosotros llamamos tierra y todo esto ocurre de forma natural, sin que nosotros podamos hacer nada. Nuestro poder de destrucción se basa en lo que la Naturaleza nos aporta, química que creemos que manipulamos para crear venenos, enfermedades o la energía atómica, sin darnos cuenta que no somos capaces de hacer nada que no sea natural.

Llegados a este punto, la conclusión es que somos naturalmente autodestructivos, estamos envenenado nuestro sustento vital, nos estamos asfixiando en nuestro vaso de cristal.

En nuestra naturaleza tambien hay una parte creadora, a la que tenemos que apelar cada vez nos afixiamos, un instinto que no sólo nos hace adaptarnos, si no que nos hace adaptar nuestro entorno.

Sabemos que este planeta, al igual que otros miles va a desaparecer, de nuestra adaptación depende que desaparezca antes o despues.

La tierra esparce sus sueños bajo nuestros pies, por lo que deberíamos pisar suave para no aplastar sus sueños…

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